¿QUÉ CLASE DE PADRE SOY YO? Efesios 6:1-4

Cuando tu hijo te busque con su mirada… Míralo; cuando te tienda sus brazos… Abrázalo; cuando te quiera hablar… Escúchalo, pues los hijos pronto llegan, crecen y se van. Educar a los hijos es la tarea primordial de los padres, nunca ha sido fácil: los enormes cambios que hoy vivimos nos exigen actuar con rapidez, ya que los hijos no pocas veces se nos adelantan. Hoy la sociedad dispone de más información, los modernos medios de comunicación llegan hasta la intimidad del hogar con toda clase de contenidos, si los padres no reaccionamos corremos el riesgo de ser rebasados y perder a nuestros hijos en casa. La sociedad actual vive alejada de los buenos hábitos que en otro tiempo constituían los fundamentos de la familia. Y debemos tomar conciencia que el progreso que no produce bienestar para el hombre y su familia “no es bueno”. Hace unas 3 décadas ¿quién pensaba en darle a su hijo todo lo que la propaganda consumista ofreciera? No existía una publicidad tan agresiva y manipuladora. Los padres de antes convivían más con sus hijos; y estos aprendían de sus padres ya fuera en el campo, el taller, la cocina, el deporte, la mesa redonda, la iglesia: en aquel entonces se sembraban los valores en el corazón de los hijos, había más orden y respeto, menos vicios y más trabajo.

El problema de hoy es: Padres ausentes, quienes llegan solo a dormir, solo están el fin de semana, o nunca están. Padres indiferentes, los que están en casa, pero desconocen su función y responsabilidad y en vez de producir bienestar en el hogar, lo desentonan. Padres complacientes; los que tratan de reponer el tiempo que no dan a sus hijos, complaciéndoles en todo. Padres irresponsables, los que abandonan a sus hijos privándolos de su presencia física, de atención, cuidados y apoyo moral y espiritual. Padres blandos, los que no planean ni exigen la colaboración de los hijos en las tareas cotidianas, ni les permiten participar en la solución de los problemas. Padres permisivos; los que dejan que sus hijos hagan lo que quieran, convirtiéndolos en irresponsables e incapaces de prevenir un problema. Padres consentidores, los que echan a perder a sus hijos al darles todo, sin que les cueste por lo cual; no valoran la importancia de luchar por algo, los hijos consentidos, tienen problemas de identidad, ya que, sin papi o mami, no son nadie.

Padres sobreprotectores; estos impiden el desarrollo de sus habilidades, los hijos se vuelven ociosos, dependientes y sin iniciativa; viven en la línea del mínimo esfuerzo, temen fracasar y evitan tomar responsabilidades. Un hijo (a) mimada, carece de disciplina y cualquier tarea para ellos., es visto como un castigo. Por ello: si de verdad ama a sus hijos, no los eche a perder, no le de todo lo que estos le pidan, edúquelos desde pequeños y enséñelos a pescar, y no solo a comer pescado. Evite complacer las actitudes caprichosas, pero escúchelos cuando observe que algo importante reclama su tiempo. Refuerce aquellas actitudes que los ayuden a valerse por sí mismos, de modo que aprendan a ser autónomos, a nadar sin globos. Déjelos expresar sus propias ideas y apoye sus iniciativas. Hágales saber que su opinión es importante y conforme crecen, permita que sus hijos se separen un poco del ámbito familiar y escuchen a otras personas, cultive desde el seno familiar, la convivencia, la confianza, el respeto, el amor, la lectura, el deporte, la música, la solidaridad con las causas nobles y el apoyo en tareas comunitarias. Pero sobre todas las cosas. Enséñelos a creer en Dios con su propio ejemplo. J.H.L.

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