La imagen de los Hijos de Dios Isaías 43:7

“A todos los llamados de mi nombre, para gloria mía los he creado, los formé y los hice”. Apreciable lector: Dios primero crea y luego hace las cosas, Dios no improvisa, ni deja nada a medias. El tiene un propósito glorioso para nuestra vida, a quienes somos de Cristo Dios nos dice: los he creado para manifestar en ustedes mi Gloria, mi Amor y mi Voluntad, para manifestar a través de ustedes, mi Misericordia y mi Justicia. El problema que muchos creyentes viven hoy en día; no es porque Dios no quiera intervenir o no quiera mostrar su Gloria… El problema no es de Dios, sino nuestro. En Deuteronomio 32:5 Moisés declara que la corrupción no es de Dios, somos nosotros “los hijos” quienes no estamos a la altura en el conocimiento de Dios, no hemos adquirido la madurez, ni el carácter que se requiere para ser portadores de su Gloria.

La Biblia dice que el pueblo perece por falta de conocimiento. (Oseas 4:1; 4:6 y 6:6) a través del profeta Oseas Dios denuncia la triste realidad de Israel: los líderes religiosos en vez de llevar a la gente a una relación verdadera con Dios, con sus tradiciones lo impedían. Oseas (4:7-10) los sacerdotes tomaban una parte de los sacrificios que las personas presentaban, como “ofrenda por el pecado”, de modo que llegaron a ver como conveniente para ellos que cuanto más pecara el pueblo, más porciones acumulaban para ellos y su familia. El liderazgo espiritual tiene una gran responsabilidad, ya sea que usted sirva en algún ministerio: Cunero, Iglesia Infantil, Adolescentes, Alabanza, Ujieres, Viñas, Diáconos, Escuela de crecimiento, etc. Nuestro testimonio de fe y servicio al Señor debe mostrar una convicción firme y clara; de otro modo corremos el riesgo de hacer, que aquellos a quienes atendemos se pierdan en el camino, estando en el templo.

Cierta vez un rey preocupado por el destino de su nación, se preguntó ¡Quien tomara mi lugar cuando muera? El rey tenía dos hijos quienes, de acuerdo con la tradición, el príncipe mayor debía sucederlo y de no ser este, sería su hermano menor; pero el hijo mayor hacia algún tiempo se había ido de casa, y vivía perdidamente. Y el hijo menor era tímido e inseguro, quien vivía siempre pegado a su madre. Entonces el rey mando traer a los hombres mas sabios de su nación y pidió consejo, sobre: ¿Como ayudar a los príncipes a enderezar sus vidas? Los sabios concluyeron que debía levantarse un monumento, con la efigie del príncipe ideal y grabar al pie de ésta, las características que debía tener: Erguido, Presentable, Amable, Honesto, Trabajador, Seguro, Entusiasta, Amoroso, y Lleno de esperanza. El príncipe mayor recordando el consejo de su padre, decidió ir cada mañana a mirar la estatua, conforme veía el modelo y leía las características del Príncipe Ideal, fue enderezando su vida cada día, hasta ser conformado a la imagen deseada para un príncipe. 2 Cor. 3:18 JHL

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