Levítico 23:9-14

Por ser quien es; Dios nuestro Creador y Salvador. Él es digno de toda honra, gloria, alabanza y adoración. Ofrendar a Dios el primer fruto de toda labor, es un acto de adoración; sin embargo: Dios no busca nuestras cosas, Él busca nuestro corazón, pues Dios no necesita de nosotros, más bien nosotros necesitamos todo de él. La Biblia dice:

“Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti” Salmo 50:12.

La obediencia a Dios nos hace prosperar, la desobediencia nos hace fracasar. Todos pagamos por bienes y servicios; invertimos en educación y salud. ¿Entonces por qué no darle a Dios lo que le corresponde? El modo en que distribuimos nuestros diezmos ofrendas y primicias revela lo importante que es Dios para nosotros. Es fácil decir primero Dios, pero lo importante no es decir, sino hacer. Dios instruyó a su pueblo sobre la importancia de las primicias, fueran frutos del campo, cría de ganados o hijo primogénito.

“Lo primero es de Dios” Proverbios. 3:9.

Honrar a Dios debe ser visto como un privilegio. Mal. 1: 6 dice: “Si Yo soy tu Padre ¿Dónde está mi honra? Si Yo soy tu Señor ¿Dónde está mi temor?”. Muy pocos valoran la salvación; la vida buena que Dios nos dado, nos previene males y nos provee de bienes. “El cristiano ofrenda no para salvo, sino por gratitud”. Dios nos conduce a una prosperidad integral, su palabra nos provee de principios y valores para vivir con gratitud y esperanza. Al llevar sus primicias a Dios, Israel mantenía vivo el recuerdo de: “quienes eran, de dónde venían y adonde iban”. Como nación recordaban el sacrificio del cordero y la muerte de los primogénitos de Egipto. Con cuánta más razón, la iglesia de hoy debe tener presente, que fuimos rescatados, no por la sangre de un cordero, sino por la sangre preciosa de Cristo. 1 P 1:18 – 20. Cristo el primogénito de la creación, es la cabeza de la iglesia Col. 1:15, Él es el Unigénito del Padre (Jn. 1:14)  Es el primogénito de muchos hermanos (Rom. 8:29) presentar a Dios nuestras primicias, es un acto de gratitud. La obra de Dios se fortalece mediante la disposición obediente de un pueblo que conoce y ama a Dios.

Al iniciar la cosecha de trigo y cebada, el pueblo de Dios tomaba una gavilla y la llevaba al sacerdote para presentarla ante de Dios. Las primicias son símbolo de fe y obediencia, de quienes ponen su fe en Cristo. La buena semilla produce buenos frutos; como sabemos hay también mala semilla (Mateo 13:37-43). La enseñanza sobre “Primicias y primogénitos” constituyen un tema importante. Éxodo  23:16.  También Malaquías 3:8 y  Mateo 23:23, nos dan una amplia enseñanza al respecto. Lo primero y lo mejor, fuera: hombre, fruto o bestia, era presentado como primicia o debía redimirse, es decir: pagar el precio de su rescate. Cristo es la Primicia de todas las generaciones (Lucas 22:15-19) de modo que  cada alma es parte de la cosecha. No se prive del privilegio de presentar sus primicias a Dios. Quien cree y espera una gran cosecha ¡siembra la mejor semilla hoy! (2 Corintios 9:6).

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