Juan 2:1-11

Mucho de lo que aprendemos en la vida, lo escuchamos de nuestros padres, ellos son nuestros primeros instructores; al crecer aprendemos de otros, pero para vivir una vida con propósito en lo personal y familiar, necesitamos la ayuda del creador. El desmoronamiento de los valores en la sociedad actual, demanda con urgencia volvernos a Dios. Cuántas familias viven hoy lejos de ser una familia unida, para muchos el sueño dorado se ha convertido en pesadilla: cada vez menos jóvenes llegan al casamiento, y no pocos lo hacen predispuestos al divorcio. La indiferencia, discusiones y mentiras, crean desconfianza de uno en el otro, pastores y consejeros escuchan a diario a personas en cuya relación no hay dulzura sino amargura, según las estadísticas de cada 100 casamientos 45 se rompen.

En teoría todo matrimonio quiere ser feliz, pero esta visto que nadie puede dar lo que no tiene. Nadie puede hacer feliz a otro, si él mismo no lo es. La Biblia dice que  Jesús y sus discípulos fueron invitados a unas Bodas en Cana de Galilea, que importante y sabia decisión la de aquellos contrayentes, invitar a Jesús a su boda, este es un ejemplo que todos debemos seguir. Un matrimonio requiere algo más, que de un hombre y una mujer con buenas intenciones; ambos necesitan a Cristo, ya que solo Dios puede quitar del corazón del hombre el egoísmo. La falta de temor de Dios, los hace actuar sin pensar en el daño que causan a quien dicen amar. Prov. 18:22 y 31:12  

El amor del hombre caído en pecado es egoísta; ya que antes que pensar en dar, busca recibir, busca la ventaja y la conveniencia; el amor Eros es vano y corrupto, el amor Estorge, es momentáneo, el amor Filos es dado a la conveniencia; y solo el amor Agape, el amor de Dios, es amor verdadero, solo este amor puede proveer al hombre la capacidad de amar sin condición; si el hombre por si solo tuviera la calidad moral para cumplir, no habría divorcios. El hombre y la mujer fallan porque su corazón es egoísta Jer. 17:9.

Los contrayentes de Cana entregaron a Cristo el control de su vida, de su fiesta, de su relación, sin embargo; la presencia de Jesús no garantiza que no haya problemas. Cualquier problema no será problema sino una lección si Jesús está en el centro de nuestra familia. El vino símbolo de gozo se acabó. Ciertamente en el matrimonio, la pareja suma su historia, su cultura, sus recursos. El matrimonio es una escuela que demanda de manera continua; renuncia, paciencia, perdón y amor. Es un proceso que exige tiempo y en ese proceso a veces “el vino se acaba”, llegan tiempos críticos por la economía, la salud, los hijos etc.; pero donde Jesús está, su presencia hace la diferencia. Como una planta necesita cuidados, el matrimonio necesita ser alimentado cada día, a la luz de la palabra de Dios. Juan 5:39

Del incidente de Caná, aprendemos los esposos no fueron al mercado por más vino, ni buscaron vino prestado, María le dijo a Jesús, hay un problema ya no tienen vino. Las palabras que el Espíritu Santo puso en María son la clave de lo que cada familia debe hacer, ella dijo: “hagan como él les diga”. Desde el huerto de Edén, el ser humano ha luchado por someter su corazón a la voluntad divina. Al ser humano le gusta vivir solo aún en medio de la multitud y no pocos hacen lo quieren, aun sabiendo que no es lo correcto. Hacer todo lo que Jesús dice no es algo natural: es algo divino, es obra del Espíritu Santo en el corazón Prov. 23:26.

Muchos matrimonios fracasan debido a que nunca invitaron al Señor Jesucristo a su hogar: y cuando falta el vino, en vez de pedir ayuda a un consejero, buscan escapar de su realidad con acciones que todo empeoran. El vino que Jesús proveyó fue mucho mejor que el primer vino. Así que invita hoy a Cristo a señorear tu vida y la de tu familia; y sabrás que él tiene reservado para ti un mejor vino, una mejor vida. Todo el gozo que hayas experimentado en tu pasado no es comparable con la felicidad, la armonía y la paz que Jesús tiene para ti y los tuyos. No sufras más con el vino amargo del pasado, llevando el peso de la culpa y los  errores. Cristo hace la diferencia. Invítalo hoy a tu vida, a tu casa y sabrás de la alegría y el gozo maravilloso de tener una familia Unida y Bendecida.

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