Sin duda uno de los cuadros más bellos que ilustran el amor, es ver a un bebé en los brazos de su padre o de su madre. Es indescriptible la paz y la seguridad que un niño refleja y   puede experimentar en los brazos de sus padres… Es también indescriptible el Amor que un padre siente al tener a su hijo en sus brazos… Quisiera decirle tantas cosas… Y a la vez solo lo mira, lo acaricia, lo besa… Suspira y dice… Hijo (a) si supieras cuánto te amo. Por eso el Señor nos dice que seamos como niños. Un niño es tierno, le gusta estar en los brazos de su padre, y depende siempre de él; para un niño, no hay lugar que proporcione mayor seguridad y   bienestar que en los brazos de su padre. Dios anhela que lo anhelemos así… Como un niño, “Si no reciben el reino de Dios como un niño, no entrarán en el reino de los cielos (Lucas 18:17).  Nosotros siendo malos sabemos dar buenas cosas a nuestros hijos, cuánto más nuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan (Mateo 7:11). Entender el inmenso amor del Padre celestial, nos hará vivir seguros y felices, reconociendo que no hay lugar más sublime que la presencia de Dios, que escuchar su voz, que sabernos amados y cuidados por él. Así es que si has de buscar al Padre celestial no sea solo para pedirle algo… Sino para reposar, permanecer y deleitarte en su presencia.

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