“Y el varón dijo: Déjame porque raya el alba. Y Jacob le respondió: No te dejaré, si no me bendices. Y el varón le dijo: ¿Cuál es tu nombre? Y él respondió: Jacob. Y el varón le dijo: No se dirá más tu nombre Jacob, sino Israel; porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido. Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma” Génesis 32:26-30.

Jacob, un hombre al que calificariamos de ventajoso. Vivió desde el vientre con el deseo de ganar, en sus fuerzas y a costa de lo que fuera para lo cual, su madre Rebeca quien lo prefería, haría cualquier cosa, por su hijo consentido. Pero lo interesante de la historia, no son las trampas que hicieron y las consecuencias que tuvieron, sino el maravilloso encuentro que Jacob tuvo con el Señor. Después de haber fallado una y otra vez, Jacob agotado, turbado y perseguido, pero también arrepentido, tuvo su Peniel. Dios en su misericordia se hace presente para cambiar el rumbo de su vida. Dios permite muchas veces, que hagamos las cosas a nuestra manera, solo para enseñarnos que sin el nada bueno podemos lograr. Estimado lector: No importa que pasado tengamos, si hay un genuino arrepentimiento, Dios está dispuesto para darnos una oportunidad, para dotarnos de esa vida buena y abundante que siempre hemos anhelado. ¡Quien se encuentra con Jesús… Nunca vuelve a ser el mismo!

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